Puede que lo que te cuente te suene a cuento porque efectivamente, lo es.

Todo empezó con este tuit:

 


 

Así que #Blogramé me envió al cuento para ver de qué se trataba. En sus comentarios, podrás ver la breve conversación que mantuve con #Martes.

 

Ilustración: César Samaniego

 

#Blogramé, como araña que es, se ofreció enseguida para rescatar a tan noble animal. Primero, porque ya sabes lo que le gusta el #karma 2.0 y segundo, porque pensaba que la araña negra, peluda y con veinte patas podía tener toda la alegría del mundo de otra manera.

Estuvimos debatiendo entre varios amigos sobre el asunto de rescatar al elefante azul y efectivamente, era una misión delicada y peligrosa. Pero teníamos recursos:

 


 

Concretando acuerdos, #Blogramé, #Martes y yo iríamos a rescatar al elefante azul y si fuera posible, le daríamos alegría a la araña raptora de otra manera.

– ¿Preparados para el viaje a la Isla Imaginada? -preguntó #Martes.

– Preparados -respondimos #Blogramé y yo.

Para quienes estéis leyendo este cuento, tenéis que seguir estas instrucciones para poder seguir leyendo.

 

La Isla Imaginada queda a medio camino de ninguna parte y solo se puede llegar a ella cerrando los ojos y quedándose muy quieto y callado. Después de un rato, uno empieza a ver…

Al principio, solo se ven nubes blancas pero, poco a poco, se van abriendo claros y entonces vuelas sobre un mar azul, tan lleno de peces de colores que casi ni pueden nadar y a lo lejos divisas una pradera muy verde por la que corren multitud de seres extraños y en la que hay árboles cargados de frutas jamás vistas.

 

(Si ya ves nubes blancas, peces de colores,… y vislumbras una pradera muy verde, es que ya has llegado a la Isla Imaginada. En caso contrario, el resto del cuento lo verás en blanco).

Como #Martes había escrito el cuento del elefante azul, no le fue difícil localizar la cueva donde ahora se encontraba el triste animal. Había que enviar un explorador y me ofrecí a ello; no en vano vivo al borde del caos y me he enfrentado a cosas muy raras con solo mi agilidad.

Al entrar, encontré a la araña dormida; pero no del todo, siempre dejaba un ojo de guardia. Me moví todo lo ágil que pude para que no pudiera localizarme y volví para contar cómo estaba la situación.

Lo primero que hicimos fue pensar en cuentos que tuvieran situaciones parecidas. Pero solo nos acordábamos de princesas raptadas por dragones que no solían acabar bien para los dragones.

– Iré a hablar con ella -resolvió sin más #Blogramé.

– Así, ¿sin más? -le repusimos.

– Sí, sin más. La conversación es mi fuerte -zanjó nuestra querida araña.

Y haciéndose la turista despistada, se acercó a su negra y peluda congénere preguntándole por una dirección que se acababa de inventar. Esto lo hizo justamente por enfrente del ojo de guardia para evitar sobresaltos mutuos.

Poco a poco, se fueron despertando el resto de los ojos de la raptora y cuando estaban todos despiertos, la turista volvió a preguntar por la misma dirección; no sin antes presentarse.

– A mí me puedes llamar #Pelos -contestó de mala gana la hasta hace un rato peluda durmiente-. No me gusta nada, pero todos me llaman así.

Con la sutileza que la caracteriza, #Blogramé fue trenzando lo mejor que pudo una conversación con #Pelos hasta que se enteró del motivo por el que el elefante azul fue raptado: #Pelos quería estar alegre, pero no sabía cómo.

– Pero, ¿no estás alegre en una isla tan maravillosa como esta? -se extraño #Blogramé.

– La isla será maravillosa, pero la gente no me habla.

– Yo te estoy hablando.

#Pelos se dio cuenta entonces que llevaba ya un rato largo hablando con #Blogramé y que se encontraba cada vez mejor. Pero lo achacó a que estaba hablando con una araña como ella.

– Si quieres -sugirió #Blogramé-, puedo llamar a un par de amigos que no son arañas para que veas que no es tan difícil hablar entre especies.

Nos hizo una pequeña señal y #Martes y yo entramos en la cueva; no sin cierto temor. No entraré en detalles porque hay que guardar cierto sigilo con las conversaciones privadas. Pero el caso es que #Pelos se alegraba cada vez más. Hasta tal punto que se olvidó por completo del elefante azul.

Esto le animó a #Martes a sugerir que el elefante azul se podría añadir a la tertulia. #Pelos se encontraba tan bien que lo liberó y allí mismo le pusimos el nombre de #Elefazul para que el amable lector pudiera seguir el resto del cuento sin liarse con los personajes.

#Blogramé, #Martes y yo nos pasamos varios días charlando con #Pelos y #Elefazul hasta que #Pelos cogió confianza a esto de la conversación y un día la vimos charlando con un viajero que había pasado cerca de la cueva.

Ya no tenía sentido retener por más tiempo a #Elefazul. Así que ahora el elefante azul va y viene libremente de la Isla Imaginada a cualquier ciudad de la vida offline.

Recuerda que si en estas fiestas ves a un elefantes azul, no es que te hayas pasado de copas. Es que estás empezando a estar alegre de verdad.

 

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